del polvo venimos

del polvo venimos

lunes, 6 de febrero de 2017

Unbreak

Te hablo desde aquí, desde el lugar en el que me siento ahora, desde el futuro. Seguís y sigo viendo a aquella parte de mí; esa persona que se quedó pensando un millón y medio de formas de volver a tu mundo, de hallarse disculpada para empezar de nuevo. -sin éxito, por supuesto-. Escandalosa, caprichosa, posesiva.
La que por impotencia cometió errores, uno atrás de otro, y que ahora resultan tan extraños como tristes, pero que nunca dejan de ser reales y presentes. Mentirosa, manipuladora, dañina, egoísta. 

Quien se pasó días y noches extrañando, y te llevó consigo a todos los lugares por los que pasó, quien esperaba encontrarte y analizaba las posibles reacciones que podrían tener ambos. La que perdonó, siéndole luego imposible soltar recuerdos, risas y sentimientos durante una pequeña eternidad, teniendo así que reprimir llantos y fingir frente al mundo (también frente a sí misma) que todo estaba en orden, que esperaba lo mejor de esta "libertad" intentando que el enojo y el resentimiento funcionen de motor para dejar atrás todo ese mundo y reemplazarlo por algo mejor. Estúpida, merecedora de sufrimiento, enamorada, tierna.
-¿Qué busca?- 
La que decidió elegirte para hacer el amor por primera vez y se mostraba tan tímida como frágil, pero amabas verla extasiada por esta nueva dimensión que iban descubriendo juntos, a la que le jurabas no haber sentido nunca antes algo igual. -y te creyó-. Es ella misma, pues. De la que le hablaste mal a tus amigos y se burlaron, probablemente también tu nueva compañera. A la que ridiculizaste, a la que detestaste con todo tu ser, de la que te arrepentiste. Quien confió en vos todas sus intimidades, sus agresiones más profundas, su realidad familiar incluso, y termina por provocarte una mezcla de sensaciones que rodean la satisfacción y el asco, lástima y risa. Inmadura, loca, ridícula.
Esa mierda, toda esa mierda que dejaste, era quien te dejaba sólo, te hacía sentir abandonado, no te prestaba atención siendo que te vio más roto que nadie... es quien decidió tomar un camino distinto; se llama Duelo.
Esa triturada versión de mí se disipó en el transcurso del tiempo mismo, lenta y dolorosamente con sus pesadas vigilias, y sus sueños tristes. Fue muriendo un instante a la vez, remediando conmigo misma mis fallas, ahora no te hablo de ella, te hablo de mí, aunque parezca un disparate despersonalizarme así. Después de haber pensado y re-pensado tanto esos revuelos aceptando esa adquisición de experiencia, puedo asegurarte (y asegurarme) que, no hoy, no mañana, pero algún día volveré a pasearme con la plenitud de un niño, volveré a amar con fuerza, con confianza, principalmente a mí misma y a la vida, el mundo retomará colores vivos. No me sirvió de nada intentar llenar huecos vacíos con otros besos u otros abrazos -¡Qué idiotez!- Aunque admita que sos el amor más grande que han presenciado mis días, no implica que no pueda volver a reconstruirme, que no me merezca verme feliz. Y con todo ese amor aún te deseo suerte, aún te doy esperanzas para que tu nueva compañía te renueve; otros ambientes, otra música, otros ojos. Pero lástima me da que intentes aparecer con reclamos, con falsas superaciones, con nostalgias plagadas de resentimiento. No hoy, no mañana, pero algún día habré escalado esta montaña, mientras vos permanecés en el punto de partida, creyendo que retomaste el poder suficiente para arrancarme de tu vida, avaro e indiferente. No es un gesto de vanidad, sólo me gustaría que en alguna vuelta de la vida nos volvamos a ver desde el mismo plano, sin dañarnos, sin enfermarnos.
Hoy sigo en proceso, hoy sigo juntando mis pedazos caídos y destrozados, pero estoy convencida de que empecé, y con fervor me prometo finalizar.